CAPITULO 3


El duro del Pueblo”

La Historia de Don Simón,

El hombre gordo del mercedes…

 

Que delicioso que es el aroma del café cuando está germinando y sale el sol de la mañana, da esa impresión de alerta, una sensación de gusto inigualable, todas las mañanas caminaba por ese campo, mirando las cosechas germinar, siempre agarraba 3 o 4 granos de café verdes, me gustaba meter las manos en los pantalones y machacarlos, sentía que mis manos olían bien, era mi perfume natural…

Pasaron como 15 días desde el incidente del pobre caballo de Soledad, trataba de evitarla a toda costa, era una especie de “jugar al escondite” como hacen los niños (La única diferencia es que nadie contaba hasta 50, había que estar alerta en todo momento.)

Yo vigilaba desde lejos los movimientos de Soledad, cuando la veía venir hacia donde yo estaba, automáticamente subía a mi caballo y me marchaba, hasta que un día…

Estaba llenando el aguadero para los caballos, cuando de pronto…

Soledad: “MATIAS!” (Estará tan furiosa, que el Don se le olvidó, dije para mis adentros…)

CATAPLUN! fui a parar dentro del aguadero, me resbalé de la emoción, es curioso, mientras permanecía bajo el agua abrí mis ojos, y desde allí se podía seguir viendo el verde de sus ojos, su figura temblaba con las ondas del agua, mientras yo reposaba boca arriba en el fondo del aguadero, sus ojos parecían brillar con más intensidad, sus cabellos danzaban con el azulado de la superficie del agua, una sensación muy especial invadía mi cuerpo. CLARO!!! ME HABIA OLVIDADO DE SALIR Y NECESITABA RESPIRAR!!!!!!.

Me incorporé de un solo salto, y con torpeza salí del aguadero, y en esa facha me presenté a ella.

Me miró con una cara, que no sabía si era de rabia, o si me iba a dar una “caricia femenina” (Es lo que las mujeres suelen llamar bofetadas.), Estalló con una carcajada mientras me miraba de arriba abajo, no paraba de reír. Al escucharla, poco a poco sentía que lo mejor que pudo haber pasado fue aquel súbito tropezón, tenía ganas de preguntarle que si quería que me tirará otra vez pero no quise parecer tampoco “el imbécil del pueblo”.

Soledad: “Matías”, “no le importa que le llame así verdad?” (Pensé entonces, llámeme como quiera, lo único que quiero es que siempre me llame).

Matías: (…)

Soledad: “Matías… Matías….”

Matías: “mmm, heeee, Hola Srta., Buenos días, como se encuentra?” (Otra vez!) (Que me pasará que cada vez que veo a esta muchacha me quedo sin palabras….¿?)

Soledad: “Matías... mi padre me contó lo del caballo, le agradezco mucho lo que trató de hacer, de verdad se lo agradezco…”

Matías: “Yo Srta., solo quería que usted no esté triste…”

Soledad: “Si Matías, pero llámeme Soledad y no Srta., al fin y al cabo somos AMIGOS”

Mi corazón se puso a mil, que emocionante!, sentí como si me montaran en una montaña rusa, en lo más alto, y luego quitaran los rieles, sentía que caía, pero que curioso, en el fondo habían nubes, y todo era de color verde… Al fin había logrado por lo menos su amistad, si ella lo decía tenía que ser cierto, pues “Los ángeles no mienten”.

Soledad: “Solo quería decirlo en persona, he estado varios días tratando de localizarlo, pero no hemos podido coincidir…”

Que estúpido me sentí, ¿huyendo de esto? ¿Si lo hubiera sabido?, allí aprendí que uno nunca puede dar por sentado en lo que piensa una mujer, muchas veces es todo lo contrario de lo que imaginamos, parecen gatitos, que a diferencia de los perritos, cuando los llamas nunca vienen, se van, y cuando no los quieres, te molestan más…

Acto seguido vi. Como el mundo retrocedió ante mí, y Soledad empezó a acercarse lentamente, con los labios entrejuntos hacia mí, en cámara lenta, con mi cabeza dando vueltas…. Mua! (beso en la mejilla)…Sentí morir… fue la primera mujer después de mi Madre que alguna vez me besaba, me puse blanco, y que ganas tuve de devolvérselo, pero no me atreví…

Soledad: “Está bien Matías?... Creo que está insolado…Debería entrar un momento a la garita y tomar algo de agua, en todo caso, tengo que volver a casa, gracias por todo, usted es un sol…”

¿Un Sol?, Será que me manché la cara de amarillo cuando caí al aguadero?. No entendí muy bien lo que quiso decir (un serio caso de ignorantitis tremends), pero algo dentro de mí decía que era bueno y estaba muy contento, como nunca, si tuviera que elegir, el momento en el cual pudiera quedarme en la eternidad, y se repitiera como una luz de neón en mal estado hasta el infinito, titilando sin parar, serían justo esos 5 minutos, los más felices de mi vida hasta ese momento…

Me dirigí al pueblo a comprar algunas cosas para la hacienda cuando lo ví por primera vez, un mercedes benz último modelo, pero como inclinado hacia la izquierda, aparcó en frente de la casa municipal y de él salio una figura muy gorda vestida de traje blanco, con sombrero y bastón, todo el mundo alrededor no paraba de hacerle reverencias, y se dirigió a hablar con el alcalde.

Corrí hacia el automóvil, quería verlo de cerca, pues en el pueblo teníamos muchas carretas, nosotros en broma habíamos puesto nombre a las carretas de las haciendas, una era Mercedes, otra BMW otra Ferrari, (Por ejemplo “Ferrari” fue la cargó el caballo muerto de Soledad) Pero tener un bicho de esos, en vivo y en directo, era demasiado…

No avancé ni a 5 metros del auto cuando de repente:

Guardaespaldas: “HEY!!! QUIETO ALLI!”

Me quedé estupefacto, El hombre más grande que había visto en mi vida apareció de la nada, me parecía el monstruo de “frankistein”, (Sin tantas cicatrices pero con la cabezota igual de cuadrada), solo que vestido de negro, con una 9MM reluciendo en su cinto…

Guardaespaldas: “MUCHACHO, LARGATE Y NO JODAS!”

Matías: “Buenos días Sr.…”

Guardaespaldas: “NO ME HAS OIDO IMBECIL!!!” (Se giró hacia un lado para que viera fehacientemente que estaba armado)

Retrocedí, pero no dándole la espalda, si no mirándole con una sonrisa nerviosa, el arma me había intimidado (Y eso que estaba enfundada, que sería si la tuviera en la mano…)

Cuando llegué a la hacienda les conté a todos los hombres lo que había visto y todos especulaban sobre la procedencia del “Gordo del Mercedes”, mientras yo me encontraba más entusiasmado por el carro mismo que por otra cosa.

Empezaba el atardecer, cuando por el camino de la hacienda a lo lejos apareció “EL MERCEDES!!” pero no la carreta, si no el del pueblo, ladeado a la izquierda (Luego comprendí que al igual que las carretas, se ladean a un lado, dependiendo del tamaño del animal que carguen.)

Se acercaba a gran velocidad hacia la casa de Don Honorato, inmediatamente giré mi caballo y corrí hacia donde ellos estaban, se bajó del carro, le recibió Don Honorato en la puerta y se estrecharon las manos, yo me baje del caballo y me acerqué al Mercedes con curiosidad, sentía de alguna manera que estaba en mi territorio y que su matón no me mandaría “a volar” como en el pueblo, me sentía protegido por Don Honorato.

El matón hizo una seña al tipo gordo con una especie de sonrisa de burla, a lo cual este sonrió también y se me acercó…

Gordo: “Así que este es el gato al que casi mata la curiosidad? Je je je…”

Yo solo pensé… ¿”Cuál gato”?, se supone que el gato es Soledad…., que pensándolo bien en ese momento, Soledad era lo más parecido a un gatito pequeñito, al que solo dan ganas de abrazar… aaaahhhh! (Suspiro).

Don Honorato: “Matías, ven para acá..”

Me acerqué a los dos un poco extrañado pero con paso firme, en la hacienda yo era “el capataz” y debía demostrarlo con seguridad.

Matías: “Dígame Don Honorato, para servirle…”

Don Honorato: “Te presento a Don Simón, ha venido del pueblo vecino a hacer negocios a nuestro pueblo y nos está visitando”

Matías: “Encantado de conocerle Sr., mucho gusto”, Y blandí mi mano hacia el en gesto de saludo.

Don Simón: “Hola jovencito!, me comenta Jon, que le diste un buen susto en el pueblo…” (¿Susto yo?… No lo entendí hasta después de algunos años, que lo peor para un guardaespaldas es alguien desconocido acercándose corriendo a su patrón o sus pertenencias…)

Matías: (…), “No fue mi intención” Estreché su mano con fuerza, pero el me la estrechó más fuerte aún mientras me sonreía.

Don Honorato: “Matías es mi brazo derecho en la hacienda, es el capataz de toda la cuadra, no se deje engañar por sus años, a su edad ya es un hueso duro de roer…”

Don Simón: “Eso esta bien, uno siempre tiene que contar con gente dura para mandar, la edad no tiene nada que ver, yo empecé a los 15 años en la hacienda de mis padres, y desde los 18 llevé el control de todos los negocios, y ahora he multiplicado todo por 100”

Pensé “Multiplicado todo por 100???” Haciendo que????....

Sentía de alguna manera que aquel hombre no traía nada bueno, y lo más triste de todo es que no me equivoqué, el tiempo me demostraría cuan acertado estaba…

Don Honorato: “Matías, déjanos que tenemos que hablar, ve a organizar a los hombres para la guardia de esta noche”

Que temático que era el viejo con las guardias, si lo único que teníamos era café, no teníamos animales de crianza, no teníamos pollos, pero el insistía en que si no vigilábamos la hacienda, algún día nos robarían el café… Años más tarde comprendí que el pobre hablaba en sentido figurado, “El Café” era la hacienda propiamente dicha, no las cosechas.

Subí a mi caballo y me marché, el guardaespaldas me hizo un gesto de despedida como soldado, y a lo lejos miré como esas dos figuras, Don Honorato y Don Simón, como “el gordo y el flaco” de aquel programa de televisión de blanco y negro, entraban a la casa mientras ambos agitaban las manos en signo de conversación.

No me encontraba ni a 150 metros, ni aquellos hombres apenas haber 5 minutos entrado, cuando Don Simón abandonaba la casa a toda prisa, haciendo una negativa con el brazo a su guardaespaldas, se montó en su Mercedes y se alejó a toda prisa. Luego Don Honorato salió a las escaleras y se sentó en ellas…

Al día siguiente, tocaron a mi puerta muy por la mañana, era Don Honorato, listo para empezar el día, pero era más temprano que de costumbre, además nunca me iba a buscar a casa, los asuntos de la hacienda lo hablábamos en su oficina en su casa.

Don Honorato: “Buenos días Matías…”

Matías: “Bueno días Sr.…”

Don Honorato: “Acompáñame, tenemos que hablar…”

Tomamos el camino del café, el mismo que tomaba yo por las mañanas, allí me contó que Don Simón le había ofrecido cambiar las cosechas de café por cosechas de coca, y que se pagaba hasta 3 veces más, me explico todo lo que hay que saber sobre “esa plantita”, como se convierte en polvo blanco, y como destruye familias en el mundo entero, me comentó que jamás permitiría mientras viva, que la tierra del padre de su padre y ahora suya, sirva para destruir vidas inocentes.

Me quedé a solas pensando largo rato sobre lo que me había contado Don Honorato, por mi mente cruzo la idea, de que cultivar “la plantita” podría sacarnos de apuros, recordé que las cosas habían cambiado mucho desde que llegué, realmente la hacienda estaba hiendo a la quiebra, no por despilfarro, si no porque el precio del café no daba lo suficiente para mantenerla.

Me dije a mi mismo, “¿Por qué Diablos, este viejo no acepta?”, pero luego recapacité que era precisamente por eso, “por viejo”, “por principios”, “por honestidad”, y por último, “porque la hacienda era suya y él puede hacer con ella lo que quiera”, no es mi trabajo el cuestionarlo, mi trabajo es el de procurar que la hacienda salga adelante y no defraudar a mi protector.

Pasaron algunos días, y no dejaba de pensar en Soledad, En una noche en vela tomé una decisión muy importante, la que considero una de las principales en mi vida… En la mañana : “DECLARARIA MI AMOR A SOLEDAD”, no podía aguantarlo más, era como un peso que oprimía mi pecho, y no me dejaba respirar, mi mente estaba nublada, y la única manera de liberar todo ese fuego interior era decírselo a ella.

Amaneció y me puse mis mejores ropas (en realidad las únicas que tenía a parte de mi ropa de trabajo), me bañe, y me unté granos de café por todo el cuerpo, me peiné, subí a mi caballo y me dispuse a ver a Soledad.

Llegue al lago donde ella con un caballete trataba de inmortalizar un paisaje, yo desde mi caballo la miraba, y ella mismo junto al caballete de pintura, parecía ser un cuadro, el cuadro más bello que existía, pintado por el genio más talentoso de todos los tiempos. Mis ojos se llenaron de luz verde otra vez. Bajé de caballo y me dirigí a ella. Con voz trémula dije:

Matías: “Buenos días Soledad…”

Soledad: con una sonrisa “Hola, Matías, cuanto tiempo, precisamente estaba pensando en usted”… sentí que ella se sonrojaba…

Matías: (pensando en mi…) “ejemm! Soledad, tengo que decirte algo…”

Soledad: ¿?

Matías: “Solo quiero decirte que desde que te ví, te he llevado en silencio en mi corazón, que te convertiste en lo más importante…, y aunque por temor a tu rechazo no te lo había confesado, solo quiero decirte que te amo, y que nunca he podido dejar de pensar en ti…” (Temblaba, y mi voz la cual era fuerte, era trémula al pronunciar esas palabras…)

Soledad: (…) “mmm, eeee…” (Ajá, ahora la que se queda sin palabras es ella!)

Me acerqué lentamente a sus labios, y tomando su mano entre las mías… la besé… fue miel en mis labios, sentí toda la fuerza de la primavera, del sol, de la luna del mar, estallar en mi corazón.

Mis manos sin control tomaron sus cabellos color atardecer, y entre caricias y muchas dudas, Soledad me correspondió, fue mi primer beso de amor, algo que jamás he olvidado, y que llevo como un sello perenne en el centro de mi corazón.

Fui el hombre más feliz del mundo al saber que no era rechazado, que me correspondía, que también era amado.

Fui a por otro beso, cuando un latigazo cruzó el aire y se posó en mis espaldas…

Don Honorato: (mientras me caía a patadas) “Desgraciado!, Maldito, que les ha hecho a mi hija..??!!!”

Soledad: “Papá, no ha pasado nada, déjalo por fav…” (Una bofetada tiró a soledad sobre el césped y la calló)

Matías: “Don Matías, escuche!, quiero a Sole…” (Otro latigazo, esta vez en el pecho, calló también mi boca)

Don Honorato: “¡Perro, así es como pagas a quien cuidó de ti y tu familia, eres un perro!, ¡TE QUIERO FUERA DE AQUÍ PARA SIEMPRE MALDITO HIJO DE PUTA, ESO ME PASA POR TRAER PUTAS Y SUS PERROS A MI HACIENDA!”

Matías: (Al insultar el honor de mi madre, estuve a punto de matarlo allí mismo, pero pude ver la cara de terror de Soledad, y me lo guardé…) (…)

Agarró pues a Soledad del brazo y se la llevó a su casa como quien arrastra un burro cuando no se quiere mover.

Yo no dije palabra, monté a mi caballo, llegué a mi casa, metí mis cuatro trapos en una maleta vieja, no tan pesada como la que llevaba el viejo… (O como la que llevaría), y me fui… Antes de que mi madre llegara, no la quería hacer sufrir.

Me quedé mirando el ocaso, no sabía que hacer, mi mundo había terminado en un instante.

Era el fin de una etapa, el principio de la incertidumbre, no pensaba con lucidez, solo se me ocurrió continuar…

Fue de repente entonces, cuando sentí algo extraño en mi mejilla.

Fue la primera vez que lloré…