CAPITULO 2
 

Gracias por Todo.”
 

Un hombre agradecido

Es un hombre de Dios…
 

Luz tenue y mucho humo se respiraba en la habitación, se veían sombras vigilando cada una de las 4 salidas, en la mitad un escritorio de roble con una lámpara de las que usa la policía para los interrogatorios. Detrás de el una figura de un hombre sobre los 30 años, bastante bien parecido, atlético con un puro a medio terminar y un sombrero blanco como su traje, 3 anillos en los dedos de su mano izquierda, el primero con una “S”, el segundo con una “M” y el tercero con un “J”, al cerrar su puño se leía “SMJ”, fumaba placidamente mientras un pobre diablo sentado en frente abogaba por su vida.

S” por Soledad su esposa, “M” por María su madre, y “J” por Julio su padre.

El ambiente parecía cargado, se respiraba algo parecido a la neblina en los páramos, algo que se sentía al entrar a los pulmones. Había mucho temor y mucha maldad en esa habitación, podía sentirse desde todos sus rincones.

Los cuadros, bastante caros por cierto, denotaban un gusto por la crueldad, una multitud de obras surrealistas en las paredes, con escenas de pesadillas urbanas, decoraban las paredes.

Cosme: “Don Matías, por favor, por Dios, se lo juro, nunca le he faltado…”


Matías: “si lo has hecho…” (Con un tono totalmente imparcial, sin ningún tipo de emoción, como una voz ronca que sale de un árbol hueco en la mitad de la noche de un bosque macabro. No se podía distinguir ninguna preferencia, ningún estado de ánimo, nada, una voz vacía como sintética, como falsa, como la que sale de un muñeco…)
 

Cosme: “Don Matías, por la memoria de su Padre Don Honorato… yo le jur...”

Matías: “no era mi padre…”

Cosme: “Dios, tengo familia, no quería hacerlo, no quer…”

Matías: “¡CALLATE!”, la voz de Matías retumbó en la habitación, de pronto hasta las sombras en las salidas parecieron temblar.

Cosme: (…)

Matías: “Es suficiente Cosme… GRACIAS POR TODO”.

Al pronunciar esta última frase inmediatamente se acercaron dos de los guardaespaldas de Matías y llevaron a rastras a Cosme fuera de la habitación, mientras este no hacía otra cosa que suplicar por su vida.

Matías ordenó que le dejaran sólo. Moviendo la cabeza con una negativa se sirvió un “güisqui”, del más caro por supuesto, prácticamente no lo saboreó, lo tomó como quien bebe agua.

Mando a llamar a Raúl, su único hijo, era un niño de 10 años, blanco como su madre y con unos ojos verdes heredados, que entonaban con la tristeza de su mirada, lo sentó a su lado y empezó a acariciar sus cabellos, de color atardecer…

Raúl era el hijo de Matías y Soledad, su madre había muerto al parirlo, como si el destino hubiese escogido que el final de todas las mujeres de la familia de Soledad fuera ese, Parir y Morir, al igual que lo había hecho su abuela materna.

Raúl se había convertido en el centro de atención de Matías desde su nacimiento, Soledad fué lo más querido para Matías, y de alguna manera, reprochaba en su corazón que Soledad haya muerto por traerlo al mundo, aunque por otra parte, era el único recuerdo que le quedaba de aquel amor de juventud, el cual fue el único verdadero, Todas las chicas que pasaron por su cama, a las cuales el llamaba despectivamente “las fulanas” que pasaron luego de Soledad, jamás llenaron el vacío de su muerte.

Matías se había vuelto implacable, cualquier fallo lo castigaba con la pena capital, pero Raúl estaba fuera de todo eso, en el fondo, Matías pensaba para el niño, lo mismo que deseaba su madre para él. Automáticamente en su mente recordó las palabras de su madre solamente que veía el nombre de Raúl en sus frases, “Mi niño Raúl, tú no serás como tu padre, tú llegarás a ser una gran persona, serás un hombre importante, siempre estaré orgullosa de ti”.

Matías se había abierto un campo importante en el mundo de la droga, era temido y respetado por su crueldad, en sus orígenes había mantenido una hacienda de cultivo de planta de coca, para luego dedicarse a la distribución de cocaina a gran escala en los Estados Unidos.

Contaba con una organización importante que era conocida por el FBI y la policía como una de las más importantes, y se habían dedicado muchos esfuerzos para su desarticulación.

Cuentan las leyendas urbanas, que una de sus fulanas, la favorita por cierto, solamente por el hecho de haber estado con el tres veces (ya que nunca repetía), hizo un comentario sobre la madre ausente de Raúl, a lo que Matías sin inmutarse siquiera un instante le dibujó una sonrisa perenne en su bello rostro con una navaja de bolsillo. La chica no lo vio venir, simplemente luego de pronunciar la última frase, este se abalanzó como fiera salvaje en un segundo cortando su cara, sin decir palabra, sin esperar respuesta, y en otro segundo, abandonó la habitación. El guardaespaldas de la puerta al salir Matías, vio el chorro de sangre saliendo de la boca de la muchacha y se afectó su hombría, a lo que dirigió una mirada mal intencionada a Matías. El lo miró fijamente a los ojos y le dijo “Así que… ¿Defiende Fulanas? Bien por su Madre y sus hermanas (…) , GRACIAS POR TODO”. Automáticamente el guardaespaldas se arrodilló y se puso a llorar… Mientras Matías se alejaba a su habitación los compañeros del pobre hombre lo levantaban del piso por la fuerza. Cuentan que la chica jamás volvió a sonreír “naturalmente”

Matías era reconocido en el bajo mundo del narcotráfico como “el agradecido”, ya que su manera de ordenar una ejecución era el decir “GRACIAS POR TODO”, ya que el pensaba que de todas las personas que se relacionaban con él, quitando lo malo, siempre quedaba algo de lo cual él se había beneficiado. Nunca agradecía a nadie por nada, escuchar un gracias de su boca, era escuchar las últimas palabras de una vida.

Matías estaba muy preocupado, tenía información certera de que Cosme, un empleado suyo desde la hacienda en la que era capataz, había contactado a la policía con información que lo ponía en serios aprietos, mientras pensaba se sirvió el segundo güisqui, y no hacía otra cosa que mover la cabeza haciendo negativas, pensaba en que es lo que había hecho mal, en el porqué un hombre bien pagado habría que traicionarle, en el porqué alguien a quien en antaño y hasta hace poco llamaba amigo, habría de encerrarle.

Preguntó al niño con una voz muy diferente a la que se dirigía a sus hombres (Parecía casi otra persona, volvía a tener sentimientos otra vez) sobre como había sido su día, luego le dió un beso en la frente y le dijo buenas noches, el niño lo miró un poco extrañado ya que no era normal tantos cariños, y se retiró por la puerta más cercana, antes de desaparecer del campo visual de su padre, se volvió a el para darle una última sonrisa, en ese instante Matías veía como la cara de su hijo se transformaba en el rostro de su amada Soledad, y muchos pensamientos pasaban por su cabeza, escucha voces, veía situaciones pasadas, sentía melancolía. El respondió a su hijo con un guiño y una sonrisa. La figura del niño se desvaneció ante sus ojos.

Matías no entendía los motivos de Cosme, aunque estaban muy claros para él. Su hijo se había vuelto narco-dependiente hace algunos años, y había muerto la semana pasada de sobredosis. Cosme en un arrebato de “honestidad pasional” producida por la tristeza, había acudido a la policía para contarles lo que hacían él y su jefe y su organización, y de alguna manera le habían convencido para que colaborara a cambio de inmunidad.

Cosme por vergüenza, jamás se lo contó a Matías, lo que este no sabía era que la red de información de “el agradecido” le informaba directamente de cada detalle familiar de sus empleados directos o indirectos, lo que ocurrió es, que ¿Como Matías iba a preguntar a Cosme sobre su hijo?, Si el mismo producto que ellos vendían y traficaban era el causante de su problema.

¿Que le diría?, “Dejemos de vender” “Dejemos de matar”, no se podía detener, era mejor el ignorar la situación, y considerar a ese pobre muchacho una víctima de guerra, una guerra contra el mundo, una guerra contra la moral, una guerra contra la pureza, una guerra contra el bien… Una guerra… Que terminaría mal tarde o temprano.

Se escuchó el frenar agudo de las zapatillas de un mercedes negro, era una noche de lluvia bastante pesada.

Eran los guardaespaldas que se llevaron a Cosme, venían un poco triste, pues aunque les había traicionado, eran ya muchos años de conocerle, era prácticamente la mano derecha del patrón, y ellos le tenían un respeto muy grande, pero ante una orden de Don Matías, no hay respeto que valga, ni amistad, ni cariño, o cumples lo ordenado, o la sentencia de ejecuta en ti…

Entraron a la casa y ocuparon sus posiciones habituales, sin decirse una palabra entre ellos, les daba vergüenza, sabían lo que habían hecho…

Sonó el teléfono, Matías sintió una especie de sobresalto, pues estaba concentrado en lo que podría haber hecho Cosme.

Matías: “hola…”

(¿?): “Tenemos un clavel!”.. click!

En ese momento las pupilas de Matías se contrajeron, frunció el ceño y tenía la misma cara que en su famosa anécdota con la chica de la “sonrisa forzada”. Abrió el cajón de su escritorio, sacó una 9MM que siempre guardaba cargada, la rastrilló y la puso en su regazo…

Empezó a tocar nerviosamente su barbilla y dar golpes con su zapato en el piso, respiraba agitadamente, su lengua parecía querer salir de su boca, era una especie de ataque de ansiedad, Miraba a todos lados como un loco, parecía que iba a sufrir una especie de ataque, empezó a toser nerviosamente, cuando…

De repente llevó el arma a su boca violentamente, miles de recuerdos de su pobre infancia pasaron por su cabeza, recordó a su madre, su padre, sus hermanos, la hacienda, Don Honorato, Soledad, Don Simon, y de repente la última imagen fue la de su hijo abrazándole, bajó el arma inmediatamente y una lágrima no de dolor, si no de rabia rodó por su mejilla.

Mandó a llamar a todos en su casa… 5 sirvientas, 4 guardaespaldas

Todos se pusieron en frente de su escritorio, los guardaespaldas con mirada de preocupación, y las sirvientas prácticamente temblando. La más joven de ellas empezó a llorar nerviosamente.

Matías los miraba fijamente, Como preguntando con cada una de sus miradas. Los empleados no entendían nada, empezaron a mirarse entre ellos extrañados, pues habían pasado 30 segundos, y su patrón no hacía otra cosa que simplemente mirarles inquisitivamente. De pronto un susurró cruzó la habitación: “gracias por todo”, ante el estupefacto de todos, levantó el arma, hizo 9 disparos en menos de 7 segundos, cayeron uno a uno con una bala en la frente, se levantó de prisa y la habitación se iluminó de rojo y azul, era la policía que estaba afuera a punto de entrar a la mansión, vio por la ventana y eran al menos 20 coches patrulla y 2 vehículos de asalto con soldados fuertemente armados, a lo lejos se escuchaban 2 helicópteros acercándose rápidamente.

Corrió a la habitación de Raúl y lo tomó por un brazo, mientras con el otro blandía el arma y corría hacia la puerta principal.

Arrastraba a Raúl como si se tratase de un muñeco, en las prisas le dislocó el brazo, pero Matías no escuchaba a su hijo, solamente miraba la salida, y corría, y corría…

Se escucho un estruendo, y la puerta principal cayó, acto seguido entraron las fuerzas especiales y Matías disparó contra ellos.

Estos respondieron, todo giraba en cámara lenta, lo único que vio fue como una bala impactó en el pecho de Raúl y el al tratar de cubrirlo recibió varios tiros en la espalda. Todo se volvía negro a su alrededor, escuchaba las voces de su Madre, de su padre y Don Honorato, la última cara que le pareció ver, fue la de Soledad. Luego todo se tornó tinieblas.